Me molesta la gente. Yo no sé si mi antisociabilidad venía de antes, pero lo cierto es que en esta ciudad me he dado cuenta de lo mucho que me molesta. Odio el contacto, cosa bastante discernible en el metro, curioso lugar para tratar de hacerte con unos centímetros de burbuja de aire imaginaria a tu alrededor. La gente se empeña en seguir tocando, no sé si para sentirse más vivos, por no sentirse solos... o simplemente... por joder.
Cuando voy de pie, agarrada a la barra, mi mano se mueve arriba y abajo, con un movimiento presumiblemente lujurioso en otro contexto. pero en el vagón sólo trata de sortear la piel sudada de otro malafortunado que viaja en transporte público.
Quizás del metro ese ocio creciente hacia todo ser humano, y por extensión hacia todo bicho viviente, se haya expandido.
Me molesta la gente en la calle. Las viejas que se paran a cotorrear con las vecinas, ocupando media acera y obligándote a salir a la calzada.
Me molesta ese viejo que ha venido al kebap a tomarse una cerveza. Totalmente fuera de lugar, pero es lo que le pilla más cerca de casa. Me molesta el ruidito insistente que emite buscando trozos del filete del mediodía aún entre sus dientes....
lunes, mayo 26
jueves, mayo 22
Estrenamos cabecera
Ya va siendo hora de darle un toque de color al vagón....

seguiremos trabajando para mejorar los servicios....
Bsos, saludos y cedidas de asiento para todos!!!

seguiremos trabajando para mejorar los servicios....
Bsos, saludos y cedidas de asiento para todos!!!
miércoles, mayo 21
Gente sin rostro...
Vivimos en una ciudad rodeados de gente sin rostro. No lo tienen, porque no lo enseñan. Y no lo tienen, porque nosotros no queremos verlo. Yo estoy convencida de que en cuanto nos subimos al metro, nuestros ojos dejan de discernir los colores y lo vemos todo en blanco y negro, incluso con un glamouroso difuminado gausiano. En color, sólo nosotros...
Bueno, y los negros, que bien que nos fiamos si hay alguien de otrocolor raza cultura. Pero sigue difuminado, eso sí.
En cuanto se abren las puertas del vagón, ahí saltamos todos, como trepas. Sálvese quien pueda! Ni en el Titanic, madre. Nosotros, y sólo nosotros. Mierda, el puto negro me ha quitado el asiento! Bueno, iré de pie, pero apoyao... Entra una embarazada... bajo la cabeza... Yo ya le he cedido el sitio al negro, no te jode! De la preñada que se ocupe otro... que en el vagón hay mínimo treintaycuatro personas...
En fin, adónde vamos a ir... digo paa mí misma, equivocadamente en voz alta...
Yo a Méndez Álvaro, usted no sé... me replica un viejo que se ha cansado de leer el periódico por encima del hombro de la chica que viaja a su lado, y ahora busca un nuevo entretenimiento...
Bueno, y los negros, que bien que nos fiamos si hay alguien de otro
En cuanto se abren las puertas del vagón, ahí saltamos todos, como trepas. Sálvese quien pueda! Ni en el Titanic, madre. Nosotros, y sólo nosotros. Mierda, el puto negro me ha quitado el asiento! Bueno, iré de pie, pero apoyao... Entra una embarazada... bajo la cabeza... Yo ya le he cedido el sitio al negro, no te jode! De la preñada que se ocupe otro... que en el vagón hay mínimo treintaycuatro personas...
En fin, adónde vamos a ir... digo paa mí misma, equivocadamente en voz alta...
Yo a Méndez Álvaro, usted no sé... me replica un viejo que se ha cansado de leer el periódico por encima del hombro de la chica que viaja a su lado, y ahora busca un nuevo entretenimiento...
Palabras vacías
difuminado,
hipocresía,
negro,
rostro,
vagón
martes, mayo 20
Mujer Blanca busca piso en Barrios Trampa
Te das cuenta de que vives en una ciudad subterránea cuando ni siquiera podrías pronunciar en voz alta el nombre de la calle paralela a la tuya. Pero, sin embargo, podrías recitar todas las paradas de la línea del color que te haya tocado, igual que recita orgulloso mi primo pequeño la alineación de la Seleción.
Y así es difícil buscar piso en esta ciudad, donde las calles son sólo un nombre vacío, una alineación de caracteres carentes de significado.

Por no hablar de los barrios confusos, aquellos que no corresponden con las paradas de metro que comprenden. Si te mudas al barrio La Latina, lo más cerca que andarás en la línea verde es en Aluche. Nada menos que media hora. Barrios Trampa.
Y así es difícil buscar piso en esta ciudad, donde las calles son sólo un nombre vacío, una alineación de caracteres carentes de significado.

Por no hablar de los barrios confusos, aquellos que no corresponden con las paradas de metro que comprenden. Si te mudas al barrio La Latina, lo más cerca que andarás en la línea verde es en Aluche. Nada menos que media hora. Barrios Trampa.
Palabras vacías
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madrid,
metro,
piso,
subterránea
lunes, abril 28
Pasos en el metro
Oigo sus pasos acercarse. El sonido de sus botas retumba en los pasillos del metro. La firmeza de sus pasos debilita mi fortaleza hasta intimidarme. Intento andar más rápido, trato de alejarme de esa sombra que se aproxima a mí. Es imposible, sus pasos son infinitamente más largos que los míos.
Su respiración es cada vez más fuerte. El silencio de la estación la hace cada vez más perceptible. Se acerca. ¿Por qué diablos no hay nadie hoy en esta parada?
Un escalofrío recorre mi cuerpo. Estoy sudando. Joder, este pasillo es interminable. Lo tengo detrás. Podría andar más despacio, a ver si me adelanta... Pero no, tengo miedo. No me fío. No puedo evitarlo. Cada vez está más cerca.
Me doy cuenta que ya estoy corriendo, y aún así, él sigue detrás. Su sucio aliento choca en mi nuca. Creo que me estoy mareando.
Por el rabillo del ojo veo cómo alarga su mano, esa mano enorme. La oscuridad empieza a caer sobre mí. Ya está. Definitivamente estoy perdida. Sólo tengo una salida: gritar y confiar en que alguien me escuche...
....
AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
...
De repente abro los ojos. Estoy en el vagón. Me he despertado sobresaltada. Parece que nadie se ha dado cuenta, todos están a su bola, con sus sudokus y sus historias. Nadie se ha dado cuenta de que estaba soñando. De que tenía una pesadilla.
Esos vídeos de los seguratas del metro están haciéndome flaco favor. No dejo de tener pesadillas con ellos. Palizas a indigentes... a inmigrantes.... que será lo próximo... niños? mujeres? No, dios, creo que por una temporada tendría q salir de este vagón. Tengo miedo. Me esconderé en casa... Pero eso no solucionará nada, verdad? Tan sólo aplazará esta sensación de angustia que me ahoga cada vez que les veo con sus botas y sus porras. Cada vez que siento que están detrás...
Mi parada!!! He de bajarme y saldré corriendo al exteriorrrrrrrrr
Su respiración es cada vez más fuerte. El silencio de la estación la hace cada vez más perceptible. Se acerca. ¿Por qué diablos no hay nadie hoy en esta parada?
Un escalofrío recorre mi cuerpo. Estoy sudando. Joder, este pasillo es interminable. Lo tengo detrás. Podría andar más despacio, a ver si me adelanta... Pero no, tengo miedo. No me fío. No puedo evitarlo. Cada vez está más cerca.Me doy cuenta que ya estoy corriendo, y aún así, él sigue detrás. Su sucio aliento choca en mi nuca. Creo que me estoy mareando.
Por el rabillo del ojo veo cómo alarga su mano, esa mano enorme. La oscuridad empieza a caer sobre mí. Ya está. Definitivamente estoy perdida. Sólo tengo una salida: gritar y confiar en que alguien me escuche...
....
AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
...
De repente abro los ojos. Estoy en el vagón. Me he despertado sobresaltada. Parece que nadie se ha dado cuenta, todos están a su bola, con sus sudokus y sus historias. Nadie se ha dado cuenta de que estaba soñando. De que tenía una pesadilla.
Esos vídeos de los seguratas del metro están haciéndome flaco favor. No dejo de tener pesadillas con ellos. Palizas a indigentes... a inmigrantes.... que será lo próximo... niños? mujeres? No, dios, creo que por una temporada tendría q salir de este vagón. Tengo miedo. Me esconderé en casa... Pero eso no solucionará nada, verdad? Tan sólo aplazará esta sensación de angustia que me ahoga cada vez que les veo con sus botas y sus porras. Cada vez que siento que están detrás...
Mi parada!!! He de bajarme y saldré corriendo al exteriorrrrrrrrr
miércoles, abril 23
Uno de los pros del misterioso vagón en el que se ve obligada a desplazarse es la lectura. Un exquisito placer que por los quehaceres del día a día ha ido dejando a un lado. Hoy más que nunca, en su vagón viajan Shakespeare y Cervantes, Agatha Christie se levanta de su asiento para dejar paso a Edgar Allan Poe, que tiene cara de cansado.
Ella agarra su libro con fuerza, aferrada con la otra mano a la barra que le mantiene erguida en el vaivén de las letras... Historias de amor, crímenes sin resolver, corrupción americana e historias futuristas vuelan alrededor de su cabeza haciendo el trayecto más a meno. Más de una vez se ha saltado una parada porque ha sido incapaz de frenar su impulso de pasar de hoja, sin levantar la vista de una hilera de letras con mensaje...
Una sensación agradable, en el fondo, saber que su vida, aunque escrita por otros, a veces es más importante que el nombre de una estación....
Feliz lectura en el vagón!
Ella agarra su libro con fuerza, aferrada con la otra mano a la barra que le mantiene erguida en el vaivén de las letras... Historias de amor, crímenes sin resolver, corrupción americana e historias futuristas vuelan alrededor de su cabeza haciendo el trayecto más a meno. Más de una vez se ha saltado una parada porque ha sido incapaz de frenar su impulso de pasar de hoja, sin levantar la vista de una hilera de letras con mensaje...
Una sensación agradable, en el fondo, saber que su vida, aunque escrita por otros, a veces es más importante que el nombre de una estación....
Feliz lectura en el vagón!
martes, abril 22
Llegada a la ciudad subterránea
Llega a la ciudad, perdida, derrotada por los miedos que le rondan la cabeza... aunque en el fondo ilusionada. Una nueva ciudad significa una nueva vida por delante. O eso es lo que piensa.
Sus ilusiones se diluyen cuando baja las escaleras del metro en Cruz del Rayo... Abajo le espera otra ciudad totalmente distinta, una ciudad subterránea, donde algunos se han ahogado sin ser capaces de volver a subir los escalones de la libertad...
Los rostros de sus compañeros de viaje no dejan escapar el menor signo de que haya sentimientos en su interior. Personas solitarias, aburridas y autómatas que se pasean por los pasillos del metro sin controlar sus vidas de una manera real. Es lo que deben hacer, y es lo que hacen. Ya no piensan antes de elegir el anden correcto, lo hacen por la fuerza de la costumbre.
Ella se siente incómoda, parada en mitad del pasillo. Unos y otros la empujan con prisa al pasar a su lado en dirección a sus destinos... "Destino", ¡qué ironía!
Puede ser que ella aún no haya encontrado ese destino y por eso se siente perdida... la estación da vueltas a su alrededor...
Sabe que esa nueva vida con la que soñó depende ahora de la ciudad subterránea, condenada a vagar como ellos por el suelo inferior a la realidad...
Sus ilusiones se diluyen cuando baja las escaleras del metro en Cruz del Rayo... Abajo le espera otra ciudad totalmente distinta, una ciudad subterránea, donde algunos se han ahogado sin ser capaces de volver a subir los escalones de la libertad...
Los rostros de sus compañeros de viaje no dejan escapar el menor signo de que haya sentimientos en su interior. Personas solitarias, aburridas y autómatas que se pasean por los pasillos del metro sin controlar sus vidas de una manera real. Es lo que deben hacer, y es lo que hacen. Ya no piensan antes de elegir el anden correcto, lo hacen por la fuerza de la costumbre.
Ella se siente incómoda, parada en mitad del pasillo. Unos y otros la empujan con prisa al pasar a su lado en dirección a sus destinos... "Destino", ¡qué ironía!
Puede ser que ella aún no haya encontrado ese destino y por eso se siente perdida... la estación da vueltas a su alrededor...
Sabe que esa nueva vida con la que soñó depende ahora de la ciudad subterránea, condenada a vagar como ellos por el suelo inferior a la realidad...
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