Bueno, y los negros, que bien que nos fiamos si hay alguien de otro
En cuanto se abren las puertas del vagón, ahí saltamos todos, como trepas. Sálvese quien pueda! Ni en el Titanic, madre. Nosotros, y sólo nosotros. Mierda, el puto negro me ha quitado el asiento! Bueno, iré de pie, pero apoyao... Entra una embarazada... bajo la cabeza... Yo ya le he cedido el sitio al negro, no te jode! De la preñada que se ocupe otro... que en el vagón hay mínimo treintaycuatro personas...
En fin, adónde vamos a ir... digo paa mí misma, equivocadamente en voz alta...
Yo a Méndez Álvaro, usted no sé... me replica un viejo que se ha cansado de leer el periódico por encima del hombro de la chica que viaja a su lado, y ahora busca un nuevo entretenimiento...